José Issa trabaja con una intensidad creativa única, y lo hace permanentemente. En ese juego resguarda las memorias de muchos otros creadores, y quizás esa sea también una de sus fuentes. Muchos hemos conocido mejor a nuestros artistas gracias a sus trabajos que pueden verse en Videoteca Cultural de Salta. Allí están Jacobo Regen, Elsa Salfity, el Cuchi Leguizamón, La Negra Chagra, Walter Adet, Rolando Pardo, el Dúo Salteño o Cástulo Guerra en un descomunal Güemes, y tantos otros.
En diálogo con La Río Va, el realizador salteño repasa su presente: el recorrido de Tragaperras, la selección en Londres de El Hito (realizado con IA), la llegada a España de Bemolución. Y, estos días, Issa lanzó Nacimiento del Vino, una plataforma sobre la cultura vitivinícola en Salta. Sobre estos proyectos hablamos con el creador.
Tragaperras compitió recientemente en el Festival Gerardo Vallejo de Tucumán…
Sí, y fue una enorme satisfacción. Entre quinientas producciones, Tragaperras quedó entre los veintidós cortometrajes seleccionados y fue el único en representación de Salta en la competencia oficial. Más allá del reconocimiento, la película sigue encontrando espectadores dispuestos a reflexionar sobre la violencia de género. No pienso el cine para dar respuestas; me interesa que genere preguntas, conversaciones y ayude a ver la realidad…
¿Quiénes actúan y como está conformado el equipo?
Carolina Beltrán y Carlos Yudi Machur compusieron los personajes. La dirección de Fotografía es de Emmanuel Moscoso, en Arte está Juani Díaz Velazco; en asistencia artística, José Rodríguez Núñez; en sonido: Pipa Medina, en asistencia general de producción trabajó Federico Guidi, en música están Gaby Kerpel y Balvina Ramos. Filmamos en los municipios de Vaqueros y La Caldera. Tragaperras fue posible gracias a la voluntad de las y los artistas que trabajaron en él, y a la necesidad de alzar la voz. No contó con auspicios ni acompañamientos de ninguna índole.
¿Por qué el título Tragaperras?
Primero, por la potencia del nombre, por la violencia que tiene en su sonoridad, en su expresión. Segundo, porque en el cuento original de Juan Ahuerma, el hombre le promete a ella llevarla a Las Vegas, un lugar de frivolidad y de un manejo acentuado de la excitación.
El Hito, un corto hecho con inteligencia artificial, fue seleccionado en el Festival Mágica AI de Londres. ¿Cómo viviste ese trabajo?
Quise experimentar con un lenguaje nuevo sin perder de vista que la creatividad sigue siendo humana. La IA genera imágenes, pero no una mirada. En este festival pretenden que prevalezca la creatividad humana con sus imperfecciones. La selección y la nominación al Premio del Público en el Reino Unido tienen un significado especial porque se trata de un festival que impulsa nuevas narrativas audiovisuales y mantiene un estrecho vínculo con encuentros cinematográficos importantes del mundo, como el de Cannes. Es una señal de que estas herramientas pueden incorporarse al cine sin perder la esencia artística. Hoy que se miden las fuerzas entre la máquina y el ser humano, nos queda la posibilidad de hilar más fino sobre nuestra propia torpeza.
¿Cómo es eso?
Yo, por ejemplo, voy haciendo cine a los martillazos. Siento que tengo a favor cierta rusticidad en mi trabajo; pretendo preservar esa forma de ir a los golpes buscando la pulpa de las cosas y la sutileza donde solo puede haber sutileza.
¿Qué cuenta El Hito?
Combina imágenes generadas por IA con rodaje real en el Hito de las Tres Fronteras (Argentina, Brasil y Paraguay) para abordar una problemática de pareja desde una perspectiva distinta a Tragaperras. Una pareja extranjera, con más de cuarenta años de matrimonio, emprende un último viaje con la esperanza de recomponer su relación.
¿La IA cambiará el hacer del cine?
Va a cambiar la manera de producir, seguramente, pero contar una historia sigue siendo un acto profundamente humano. Las herramientas evolucionan; lo que nunca cambia es la necesidad de emocionar. La IA no reemplaza al creador, sino que lo obliga a tener una mirada más personal. Cuando cualquiera puede generar una imagen, lo valioso pasa a ser la idea que la sostiene. El absurdo y el cinismo son registros reservados únicamente a la mirada humana.
Bemolución se exhibirá en España…
Fue seleccionado para el XIII Festival de Cine de Roca, en Galicia, en la sección de Cortometrajes Internacionales. Las proyecciones serán el 19 de septiembre. Es un festival de temática musical. Y nuestro trabajo -digo nuestro porque las figuras del Cuchi Leguizamón y de Miguel Ángel Pérez son de todos los salteños- habla de esa amistad, de la creación musical, de la testarudez del Cuchi, una testarudez rebelde ante las apetencias de prohibiciones de la dictadura sobre sus temas, sobre sus discos. Que esta historia viaje a Galicia es fabuloso; es una palmadita en la espalda a los que todavía hacemos cine a puro pulmón.
¿Cómo ves el panorama del cine actual?
Están saliendo muchos concursos desde el Incaa. No comulgo para nada con este gobierno, pero está sacando más concursos que en ningún otro momento. Eso no significa que el cine esté bien. Nada puede estar bien si no está acompañado por un país en carrera, que tenga sus cosas ordenadas y que tenga su sociedad en estado de confraternidad. No sé cómo ponerlo en palabras… En la medida en que el país no ande bien, las pocas cosas que avanzan tienen sus días contados. Hay que resolver muchas cuestiones para que el cine tenga un lugar estable y con garantía de continuidad.

En medio de estos trabajos lanzaste Nacimiento del Vino. Contanos.
Es un proyecto periodístico y cultural latente que ya está en marcha. Combina vino y arte mediante microentrevistas que nos dejan «el corazón alegre», parafraseando al Cuchi. Nació con una idea muy simple: detrás de cada vino hay una historia que merece ser contada; es un espacio donde conversan enólogos, bodegueros, artistas, músicos, escritores, cocineros y todas aquellas personas que, de alguna manera, construyen la cultura del vino.
¿Qué tienen en común todos estos proyectos?
Quizás la curiosidad. Siempre me interesó descubrir personas e historias que merecen ser contadas ya sea como ficción, una experiencia con IA o una entrevista. El formato cambia, la motivación no: seguir creyendo que las mejores historias son las que nos ayudan a comprender quiénes somos.












