El legendario cantautor brasileño Gilberto Gil regresó a Buenos Aires en el marco de su gira internacional «Tempo Rei Tour», anunciada como su última serie de presentaciones masivas antes de reducir su actividad en los escenarios. El concierto, que tuvo lugar en el Movistar Arena, se extendió por dos horas y cuarenta minutos, durante los cuales el artista de 83 años realizó un recorrido exhaustivo por sus seis décadas de trayectoria musical, vinculando su obra con la historia cultural y política de Brasil.
La presentación estuvo estructurada a través de un repertorio de 30 canciones, ejecutadas por una formación de 16 músicos que incluyó un cuarteto de cuerdas femenino, sección de vientos, percusión y acordeón. La banda destacó por la presencia de varios familiares del artista, entre ellos sus hijos Bem y José Gil, su nieto João y su hija Nara Gil, quienes participaron en los arreglos, la base rítmica y los coros. La puesta en escena combinó un diseño de iluminación preciso con visuales que proyectaron imágenes de archivo, integrando la narrativa de cada composición con el contexto histórico de su creación.
El desarrollo del espectáculo siguió un hilo conductor temático basado en el concepto del tiempo. La apertura se dio con piezas fundamentales del movimiento tropicalista y homenajes a la música del nordeste brasileño, incluyendo obras de compositores como Dominguinhos y Luiz Gonzaga. Uno de los segmentos centrales abordó el contenido social de su obra, destacando la interpretación de «Cálice», pieza compuesta junto a Chico Buarque que sufrió la censura durante la dictadura militar, y «Back in Bahia», escrita tras el exilio de Gil en Londres.

Hacia la mitad del concierto, la propuesta sonora se diversificó para reflejar las investigaciones de Gil en la música africana y el reggae, géneros que el músico ayudó a popularizar en Brasil durante la década de 1970 con álbumes como Refazenda y Refavela. El bloque incluyó versiones de «Não chore más» (adaptación de «No Woman No Cry») y «Vamos fugir», grabada originalmente con The Wailers. Posteriormente, el show transitó hacia una sección acústica de carácter íntimo, donde el músico ejecutó piezas como «Se eu quiser falar com Deus» y «Drão» utilizando una guitarra española.
El cierre de la jornada retomó la instrumentación eléctrica completa para interpretar clásicos como «Expresso 2222», «Aquele abraço» y «Toda menina bahiana», culminando una presentación que el propio artista ha definido como una celebración final con su público internacional. Como parte de su estancia en la ciudad, Gilberto Gil mantuvo un encuentro privado con Charly García previo al inicio del espectáculo, reafirmando el vínculo histórico entre ambos referentes de la música latinoamericana. Aunque esta gira marca su retiro de los tours internacionales de gran escala, Gil ha aclarado que continuará produciendo música y realizando presentaciones bajo un ritmo de actividad reducido.



