Nacida en Río de Janeiro en 1939 dentro de una familia de terratenientes, Beatriz de Moura creció en un entorno cosmopolita debido a la carrera diplomática de su padre, Altamir. Su infancia transcurrió entre Ecuador (donde adoptó el español), Argelia, el Vaticano y Chile, destinos a los que fue trasladada tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La relación de Beatriz de Moura con la literatura nació de una pérdida profunda. Tras la trágica muerte de su hermana Elsa, quien padecía epilepsia y se quitó la vida a los 20 años, Beatriz se vio envuelta en una atención paterna que le resultaba abrumadora. En medio de ese dolor y la nueva presión familiar, encontró en la ficción el refugio necesario para procesar su realidad.
Antes de descubrir autores para otros, De Moura se dejó conquistar por los clásicos. Su formación fue una mezcla ecléctica y apasionada de nombres como Baudelaire y Camus. Ella misma reconocía que su método inicial carecía de orden: «Quería leerlo todo», confesó, admitiendo que ese desorden fue la semilla de su instinto literario.

La llegada de Beatriz de Moura a Barcelona en 1956, siguiendo el destino diplomático de su padre (cónsul general de Brasil), no fue idílica. Con apenas 17 años, se topó con una ciudad que ella misma describiría más tarde como «silenciosa y esquiva». Sin embargo, esa misma ciudad acabaría siendo el escenario de su revolución personal y profesional.
Gracias a su vida itinerante, dominaba el inglés, francés, italiano y portugués, formándose académicamente en Ginebra. Pese a ello, el castellano se consolidó como su lengua de pensamiento. Su firme oposición al régimen franquista y un carácter indomable provocaron una ruptura drástica con su familia. Al negarse a seguir el camino trazado por sus padres, perdió su respaldo económico, pero ganó la libertad de quedarse en Barcelona cuando ellos partieron hacia un nuevo destino.


En los años 60, mientras subsistía realizando traducciones para sellos como Salvat o Gili, el destino la llevó a la editorial Lumen. Fue allí, en 1963, donde conoció a Oscar Tusquets. La conexión fue inmediata: él quedó cautivado por la arrolladora personalidad de Beatriz, iniciando una relación que no solo terminaría en matrimonio, sino que sentaría las bases de uno de los proyectos editoriales más prestigiosos de España.
De Moura trabajó a continuación a tiempo completo en Lumen, donde conoció el funcionamiento de todos los engranajes de la producción editorial. Fue entonces también cuando publicó su primera y única novela autobiográfica, Suma (1974).
Aquella época también vio cómo se transformaba en una de las grandes estrellas rutilantes de la Gauche Divine que deslumbraba en icónicos lugares de la noche barcelonesa como el Bocaccio. De ella se decía que era «la mujer más guapa, inteligente, divertida y simpática del mundo cultural barcelonés».
En 1969 fundó junto a su marido, Oscar Tusquets, su propia editorial, Tusquets Editores, de la que fue directora desde sus inicios. Tras una primera etapa de dificultades económicas, la editorial salió adelante y publicó conocidas colecciones de amplia difusión, como Cuadernos ínfimos y Cuadernos Marginales.


Durante su etapa como directora impulsó galardones como el premio López Badillo (1978), que en la siguiente edición cambió su denominación por la de premio de narrativa erótica La sonrisa vertical (1979); el premio Tusquets Editores de Novela (1993) y el Premio Nuevos Narradores Tusquets (1994).
Después de que la editorial obtuviera los mejores resultados económicos en el ejercicio de 1994, en julio de 1995 la empresa vendió el 40% de su capital al Grupo Planeta.
Tras el fallecimiento de Antonio López Lamadrid, en septiembre de 2009 asumió el cargo de directora general de Tusquets Editores.
En 2012 Tusquets se integró al Grupo Planeta, De Moura se mantuvo como el pilar fundamental del sello. En sus últimas etapas, la editora enfatizó que la supervivencia de las editoriales pequeñas no reside en la estética del libro, sino en el control de la distribución. Criticó la especulación financiera de los grandes grupos y defendió la resiliencia del lector frente a las crisis económicas.
En septiembre de 2014, pasó a ser presidenta de honor de Tusquets y fue sustituida en su cargo por Juan Cerezo, con motivo de la integración de la editorial en el grupo Planeta.
Beatriz de Moura, cuya labor fue fundamental para el ecosistema editorial, fue distinguida con honores como la Cruz de Sant Jordi en 2006 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2010. Al confirmarse su fallecimiento, Tusquets Editores la recordó en redes sociales como su «alma» fundadora, destacando su carácter cosmopolita, valiente y visionario.


