por Zulma Palermo
Afirma por ahí Abelardo Castillo que “la poesía no es una forma literaria sino una forma de ver el mundo”, aserción que siempre he compartido y que confirmo -una vez más- caminando las páginas escritas por Alejandro Carrizo. Porque la poesía es la forma de los relatos que entrama y en la de los poemas que entona en su irse andando/ haciendo mundo al ritmo musical de un “tono” propio.
Ese tono –escuchado ahora en las páginas reunidas en Perros locos llenos de lluvia-[1] es el de una musicalidad que llega desde el territorio nostalgioso de lo blue (así miro también el mundo de Leonardi) crecido en los márgenes urbanos de una cultura ajena (¿), ahora argentinizado en una como melancólica memoria de estos pagos, dichos acá ya no en el malevo andar 4×4 , sino en el “libre albedrío” de una rotunda armónica (que suena como el saxo), armonizando el caos (a lo Piazzolla). Ese que formatea hasta el nombre de la última novela, Destrásdelaromadelosjazmines[2].
Ese tono que es también -y soberanamente- una escritura en estado dialogante con muchos/ todos/ otros/ aunados en un concierto de vocalidades que van y vienen por una atmósfera azul (en esa “nube”) en la que se toman de la mano los que fueron –y son reconocibles-, los convocados/ compañeros/ hermanos/ nunca anónimos, para seguir apalabrando/buscando en unidad de expectativas un imprescindible “recuerdo de futuro”.
Son/ somos los siempre soñadores, los ilusorios habitantes de un mundo posible acá, en esta tierra nuestra y en cualquier otra donde quepa la memoria de lo que se sentipensó lo porvenir y que ahora retorna como su deseo, como el aliento vital (en escritura pitagórica), fórmula que hace posible la poesía/ la existencia, aún en tiempo de penumbras cuando “hay que hacer literatura con lo que queda”.
Poesía en estado dialogante, tejiendo una red de evocaciones un tanto fantasmáticas, entramando las voces que dijeron mucho antes lo que necesitamos decir/oír ahora, convocados por una escritura en la que no hay ausencias porque cada página reúne amorosamente a todxs los que circulan entre ellas en pos de una mismísima utopía. Poetas muertxs en combate a veces derrotados por la lengua, poetas asesinos, poetas cuyos nombres nunca fueron pronunciados, otros que sólo perduran en quienes lxs recuerdan. Pero con todxs ellxs vivxs, con quienes (“todos juntos/todos separados…”, murmura Regen)
estaremos ahí, al acecho, con las alas dispuestas,
con las preposiciones,
señalándolos, urgándoles el sí-mismo,
acosándolos
en las cosas cotidianas.
Un poema y otro y otro convocando a la juntanza de lxs culteranxs y de lxs coplerxs, a los de acá y a los de allá, rastreando las huellas de las muchas memorias guardadas cuidadosamente en los archivos de la voz y de su huella en la escritura. Esa que va dejando recuerdo de jeanes y de pelos largos que fueron después pañuelos blancos por las mismas calles mirados con ternura, una ternura capaz de adulzar lo amargo de los días de lxs equilibristas haciendo malabares para denunciar lo insoportable.
«Un poema y otro y otro convocando a la juntanza… rastreando las huellas de las muchas memorias guardadas cuidadosamente en los archivos de la voz y de su huella en la escritura».
Todo eso llueve en palabra de poeta, en lluvia que nunca alcanza a calmar la sed de lo indecible, palabra que se empeña en decirse con siempre los mismos nombres para las cosas que quieren ser dichas de maneras otras. Y toda la desnudez del mundo en las cosas simples, esas que están siempre siendo (como el viento zonda) y pueden ser tocadas con la suavidad de la ternura en los niños y en los viejos y siempre con algún sonido a cuestas, algún Bach, algún Yupanqui y la imagen recortada de un Van Gogh o algún Demuro, o de alguna cineasta mostrando este mundo a navajazos.
Rostros, voces, diseños de este mundo en el que conversamos, verso a verso, todos juntos, de la mano, los que escriben, los que leen, los que sienten, los que sueñan, los que sufren, esos que son/somos unos transitando estas “calles de perros locos llenos de lluvia”.
[1] S. S. de Jujuy: Editorial Cuadernos del Duende, 2025 (1ra edición 2022).
[2] S. S. de Jujuy: Editorial Cuadernos del Duende, 2026.

