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lunes, marzo 16, 2026

Sobre El agente secreto: «Brasil redescubre su cine sin ser pastiche de Hollywood»

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Renata Almeida Magalhães, presidenta de la Academia Brasileña de Cine, destacó la calidad del cine nacional cuando el Estado asume políticas públicas en el sector. El filme de Kleber Mendonça Filho tiene varias nominaciones de la Academia para los Oscar.

Dos Globo de Oro y cuatro nominaciones al Oscar. El éxito El agente secreto es internacional y nacional, y coloca a Brasil por segundo año consecutivo en el centro de la escena cultural.

Los cineastas «están redescubriendo» el país «sin querer ser un pastiche de Hollywood», afirma Renata Almeida Magalhães, presidenta de la Academia Brasileña de Cine, en una entrevista con EFE. La entidad elige las películas que representan al país en los premios internacionales.

Dirigida por Kleber Mendonça Filho, la película, ambientada en el Brasil de 1977, logra convertir al país y sus tradiciones, como el Carnaval, en una “materia prima” narrativa.

«Brasil es un personaje más, maravillosamente bien retratado», dice la funcionaria, que destaca que una de las riquezas del largometraje reside en su capacidad de revelar “extrañezas”: universos, leyendas urbanas y escenarios desconocidos para el público extranjero.

Esa «extrañeza» es, paradójicamente, lo que para Magalhães atrae al mercado internacional. Sin querer ser una copia de Hollywood, “estamos yendo a fondo en nuestra diferencia, en nuestra singularidad indígena, europea y africana», dice.

Un éxito en Brasil

La película ya ha superado la marca de 1,5 millones de espectadores en Brasil, una cifra elevada considerando que el año pasado solo uno de cada diez brasileños que fue al cine vio una película nacional, de acuerdo a datos recabados hasta agosto por la Agencia Nacional de Cine (Ancine).

Según Magalhães, en un mundo tan perturbado, el público está descubriendo que “Brasil es genial” y deja atrás el modelo estadounidense de ver el mundo.

Para la productora del filme Dios es Brasileño (Cacá Diegues, 2003), EEUU comprendió hace muchos años que el cine es una herramienta poderosa: donde van sus películas, llega su cultura. “Nunca podemos olvidar que Hollywood fue concebido como una política de Estado por Roosevelt. La política de las ‘tres F’. ‘Film follows the flag’ (El cine sigue a la bandera) es algo pensado. (Las oficinas centrales de) Motion Pictures no están en Hollywood, están al lado de la Casa Blanca”, detalla la brasileña.

«Nadie hace cine sin política pública»

El agente secreto, con un presupuesto estimado en unos US$5 millones, compite contra películas como One Battle After Another (Una batalla tras otra), de Paul Thomas Anderson, que tuvo un desembolso de unos US$140 millones, según la empresa de consultoría de la industria Nash Information Services.

Hacer cine es caro, por lo que tener políticas públicas orientadas al sector son fundamentales” para la gestión audiovisual de un país, señala la presidenta de la Academia.

Políticas y políticas

Para la funcionaria, el auge actual del cine brasileño no es una coincidencia creativa, sino una “respuesta” y una “estrategia de resistencia” a un periodo de parálisis institucional bajo el gobierno de Jair Bolsonaro, que fue “muy malo” para la cultura nacional.
«El sector cultural fue muy perjudicado durante el último gobierno”, según Magalhães.

«Hacer cine es caro, por lo que tener políticas públicas orientadas al sector son fundamentales»

Durante su gestión, el ultraderechista, que gobernó el país entre 2019 y 2022, se manifestó públicamente a favor de cerrar la Ancine y recortó el presupuesto del Fondo Sectorial Audiovisual, el motor principal de la actividad audiovisual brasileña.

“Sin duda alguna, creo que ese susto que nos dio la derecha con Bolsonaro provocó, por un lado, una represión en la producción, pero también hizo que volviéramos a sentir una gran necesidad de hablar”, dice.

«el cine brasileño está viviendo un momento solo comparable al de Cinema Novo».

Hoy, el cine brasileño “está viviendo un momento solo comparable al de Cinema Novo, asegura Magalhães, trazando un paralelismo con el movimiento comprometido con la crítica política nacido a fines de 1950, que tuvo como referentes a Glauber Rocha, director de Dios y el diablo en la tierra del sol, y Cacá Diegues, autor de Bye Bye Brasil, entre otros.

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