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domingo, marzo 15, 2026

«Una voz canta y piensa y construye un territorio», encuentro con Liliana Herrero

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De gira por Jujuy y Salta, la intérprete entrerriana estará en la Usina Cultural de Salta con su banda el próximo domingo. Hablamos con ella.

Voces que sienten-piensan el mundo, su tiempo. Liliana Herrero camina en la melodía y en el latido del pueblo. Su voz busca la modulación justa para decir, cantar. Siempre ha sido así: una militante que sostiene en el amor el camino.

La entrerriana es además filósofa y docente, no se le olvida. En 1995, dejó las aulas universitarias cuando sintió que el saber no podía ser cómplice de un tiempo entregador. Cuando sintió que esa casa enorme que llega a todas las provincias le facilitaba demasiado la tarea a un gobierno neoliberal. Lo recuerda, lo dice en la charla.

Ya tenía trabajos grabados entonces. Cantaba. Y siguió haciéndolo, sigue haciéndolo.

Hoy, esa coherencia cantora de más de cinco décadas sigue intacta, transformando el escenario en un lugar de belleza y encuentro. «Cuando todo se vuelve bélico, el camino se hace poético», canta. Con su nuevo disco, Fuera de lugar, Liliana interpela la toxicidad impuesta al mundo hoy, lo hace a través de la sensibilidad, rodeada de músicos que la ayudan a interpretar. «El encuentro se hace lámpara», dice la letra de uno de los temas.

A días de su presentación en la Usina Cultural -domingo 25 de enero, a las 21-, Liliana habló con La Río Va. “Estoy bien contenta con este viaje”, dice la cantora nacida en Villaguay que vendrá con la banda. Mariano Agustoni, en el piano y teclados, Pedro Rossi en la guitarra y Ariel Naón en el contrabajo. “Y hemos invitado a Sebastián López Guerrero, porque a Facundo Guevara, que toca en el disco, no le coinciden las fechas. Vamos con un músico amoroso de San Salvador de Jujuy”, cuenta.

“Vamos a poder hacer el disco como fue grabado. Eso es importante”, agrega Liliana.

Y más con la profundidad que tiene… Fuera de lugar en muchos sentidos te saca de tu lugar cuando lo escuchás… Y, a la vez, es tan íntimo en cada una de sus partes, en cada uno de sus temas. ¿Cómo fue el proceso?

Hace mucho que no grababa. Hace exactamente seis años. El último disco que hice fue Canción sobre canción, sobre reescritura de temas de Fito (Paéz). Y después, bueno, vinieron épocas muy difíciles. La pandemia por empezar el 20. El 21 falleció Horacio González, mi compañero. Y después el 22, 23, 24 estuve tocando, pero más que nada Mojones, que son discos que hicimos con Juan Falú y con Teresa Parodi. Y bueno, en el 24, casi a fines, decidí que había que hacer… Tenía ganas de decir otras palabras, otras cosas, otros sonidos… En tres días lo grabamos, pero es muy hermoso. Tiene ocho canciones, nada más. En realidad, abre el disco un poema de René Char, un poeta de la Segunda Guerra Mundial. Y, al final, la voz de Horacio, en el momento en que él se despide de la dirección de la Biblioteca Nacional, que fue el 9 de diciembre o el 10 de diciembre, no me acuerdo, del 2015. Cuando se va Cristina de presidenta. Entonces, él renuncia, y le piden la renuncia, igual se hubiera ido, ¿no? Él no se hubiera quedado con el gobierno macrista, que fue el que vino.

Comenzás y terminás con la palabra, y en esa poesía de Char y en las palabras de Horacio están implícitas la comunidad, el encuentro. Algo que convocás todo el tiempo en tus discos.

Siempre he estado buscando eso. Siempre he pensado la música como un encuentro comunitario, donde todos opinamos, donde… bueno, hay un encuentro muy feliz. Porque no es que yo decido todo, sino que lo decidimos entre todos, que es para mí una diferencia fundamental, ¿no? Así que sí, la idea de comunidad es una idea muy fuerte en mí. Muy fuerte. No me interesa mucho esa idea de la solista acompañada, digamos. No me interesa, nunca me interesó. Y entonces pudimos concretarla, en los discos anteriores también, con diversos músicos, y logramos un encuentro maravilloso entre los cinco, con Mariano, Pedro, Ariel, Facundo y yo. Un encuentro muy bueno, hicimos unos ensayos, trabajamos mucho previamente con Pedro Rossi, y después llevamos esas maquetas a los ensayos. Y ahí resultó muy interesante, porque cuando vos llevas un horizonte sonoro trazado previamente, es más fácil y todos aportan algo, y cambia en algo lo que pensaste originalmente, ¿no? Pequeñas cosas, pero cambian. Tal vez armónicamente, rítmicamente también. Bueno, la dinámica del tema, el modo en que yo lo canto. También cuando aparecen otros instrumentos, como en este caso el contrabajo… y la percusión te inspira a cantar de otro modo, ¿no? Así que fue muy lindo. Las palabras de Horacio son unas palabras hermosas, ese final es hermosísimo, él está pensando la comunidad no como una forma obligatoria de convivencia, sino como un acto de libertad. De manera que, en sus palabras -que son breves las que yo puse, porque fue un discurso largo-, él está usando con mucha vehemencia la palabra comunidad y libertad, ¿no? Es decir, la comunidad es un acto de libertad.

Y es parte de la historia de la música popular, nombrás a Teresa Parodi, a Juan Falú, a tanta otra gente, y uno que conoce algo de tu propia historia sabe que fuiste docente de filosofía en Rosario, también tuviste comunidad en aquella época…

Sí, sí, yo regreso a la universidad post dictadura. Me reponen los cargos docentes que tenía, después concursé esa materia, fui titular y también directora de las comisiones. Se llamaba Problemática del Saber, una materia de ingreso de todos los alumnos, sea cual sea la carrera elegida en la Facultad de Humanidades y Artes, ¿no? Era multitudinaria, y fue muy linda esa experiencia para mí, pero después, en el año 95, creo, yo decidí retirarme de la universidad. A mí me dio la sensación de que la universidad había entrado demasiado rápido en las consignas más globalizadoras, similares a los planteos libertarios de hoy, digamos, pero con un poco más de presupuesto, por supuesto. La idea de la educación, en qué consiste la educación, en qué consiste la enseñanza, ese es un tema que a mí me parece que la universidad debe seguir discutiendo, y en ese momento yo ya había grabado algunos discos, y bueno, ahí decidí retirarme de la universidad. Hace mucho tiempo que no doy clases en la universidad, lo cual no quiere decir que no me guste dar clases, es una cosa que me gusta mucho, porque es el ejercicio de una lectura colectiva, y esa lectura te lleva hacia otros pensamientos, a intentar trazar alguna escritura interesante, a hablar, a exponer, en fin… Yo nunca fui una persona muy amante de los exámenes y de todo eso, me parece que enseñar es una extraordinaria conversación, ¿no? Como lo es la música también. Tienes un texto ahí, como cualquier texto de cualquier tema, de los que hemos grabado en Fuera de lugar, un Marrodán, un Carnota, un Yupanqui, en fin, una Teresa… Y, bueno, eso es un texto. Para mí tiene el valor de un texto, como cualquier texto que uno pueda enseñar o leer en conjunto en la universidad, ¿no? Entonces, ese texto hay que interrogarlo, hay que reescribirlo y pensarlo con las herramientas que uno tenga, ¿no? Pero el procedimiento es el mismo que en la música, al menos para mí es así. Y eso lo hace muy interesante, porque la participación de uno al reescribir algo que ha sido escrito hace mucho tiempo atrás trae alguna novedad, por un lado. Y tampoco olvida las formas originales que tuvo…

Seleccionar un tema, lo que me decís, es entrar en diálogo con distintos autores, distintos tiempos. ¿Por qué elegiste a estos autores?

Creo que un disco es una narración, exige una narración, exige un relato, ¿no es cierto? Entonces me pareció interesante tratar con temas que yo hace mucho quería cantar. El disco se llama Fuera de lugar, y yo me siento fuera de lugar, yo no quepo en este horizonte económico, social y político trazado en estos momentos, en términos políticos. Y en términos sociales también. Mi vida siempre ha sido un vínculo entre la vida política, la vida social y un pensamiento sobre los legados. Esa es mi gran preocupación, ¿no? Me parece importante tener esa preocupación para pensar un territorio, porque una voz no es una voz sin territorio, una voz canta y piensa y construye un territorio, ¿no? Cuando hablo de territorio, hablo de la Argentina y se puede extender a Latinoamérica. En este disco no son todos autores argentinos, Mocchi, que es un cantautor uruguayo, pero bueno, es casi lo mismo, no me extiendo a otras ciudades o países de Latinoamérica, sino que lo contuve acá, en la Latinoamérica del sur, Argentina y Uruguay. Yo quería decir, hacer este relato mezclado, por un lado, de una fuerte crítica política, aunque no hay literalidad en ella, no me gusta la literalidad, el escenario no es un acto político, el escenario es música y hay que sostener esa música y hacerlo lo mejor que se puede, ¿no? Está Mocchi en dos temas, uno se llama “Ejercicio” y el otro se llama “Compostaje”. “Compostaje” es el más directo, el más literal en términos políticos. “Ejercicio” no, porque es la historia de una vida que puede ser la de Mocchi o puede ser la de cualquiera, ¿no? Así como uno ha vivido, como uno ha pensado su vida en una cantidad X de años. Y yo me sentí muy identificada con ese texto, con esa poesía, y la canté con mucho gusto. Por supuesto que hicimos intervenciones en muchas, digamos. Lo mismo pasa con “Chipi chipi” de García tiene otro ritmo y nosotros le cambiamos el tempo, el tempo musical, lo que me permitió a mí dar la sensación de que está más lento y que las palabras están más masticadas, porque las poesías de García siempre son extraordinarias, ¿no?

Sí, totalmente de acuerdo. Es una lectura que a la vez la estás diciendo.

Este relato (del álbum) es un relato de una vida, es el relato de una mujer en este país, en esta época, en este mundo, complejísimo y a las puertas de quién sabe qué guerra. Eso quise decir, relatar cómo se siente uno ante esto. El mundo ha cambiado, el mapa político y económico ha cambiado, y más con los acontecimientos de los primeros días de este enero de 2026.

Es tremendo lo que está ocurriendo…

Es muy peligroso lo que está ocurriendo en este tiempo, es muy angustiante, es muy peligroso también la entrega del territorio nuestro, ¿no? Eso es algo muy difícil de digerir, yo no estoy dispuesta a digerirlo… Por el contrario, creo que hay que denunciar esas cosas y combatirlas, eso sí creo.

Desde nuestros lugares, claro, eso es muy concreto, sí. En esto de recorrer escenarios del norte, en este caso, y supongo de otras provincias, ¿cómo vivís los encuentros con la gente en este tiempo?

Siempre es muy conmovedor, porque es un diálogo precioso con el público, y como yo no soy una compositora, sino que soy una intérprete, aunque intervenga o reescriba o interrogue -podemos usar todos esos sinónimos para pensar el procedimiento con el que yo trato los temas, digamos-, siempre hay un gesto maravilloso que es que en el público retumba, en su memoria, el original. Eso es más fuerte que un aplauso, el acto de ejercer una memoria y recordar el original y oírlo ahora reescrito de otro modo, no impide ese recuerdo. Entonces, muchas veces pienso que el verdadero compositor es el público. Es el público en el sentido ese, que retumba en su memoria y reconoce el tema, aún en las variaciones que yo pueda imprimir o que pueda cantar… Y después en el concierto hay una segunda parte… porque el disco es breve, después empezamos a cantar temas que hemos, en la jerga de los músicos, arreglado y ahí tocamos todos, la gente reconoce más rápidamente los temas y también canta. La primera parte es celebratoria, y la segunda parte es también celebratoria para, por ahí, promover la participación en el acto de cantar del público. Eso a mí siempre me interesó mucho…

Y cómo vivís estos tiempos, Liliana.

Creo que son tiempos oscuros, creo que son tiempos difíciles, tiempos en donde nosotros desconocíamos que esta situación -sobre todo este peligro en el que está Latinoamérica y el mundo- iba a suceder con tanta maldad, con tanta maldad. Es evidente que la disputa es por los bienes que tienen los territorios y, bueno, me parece que tenemos que tomar una posición ante eso, y defender lo que tenemos que defender, si no desaparecería la Argentina y eso sería muy peligroso, muy peligroso.

Y también creo que la música tiene algo para decir, que este procedimiento (interpretar) transforma las cosas, tiene una voluntad de transformación y una voluntad de escuchar también una intervención no alocada, sino una intervención o una reescritura con mucha conciencia, con mucho interés por la música. Subir al escenario es hacer las cosas bien y hacer las cosas bien es hacerlas en términos musicales bien, porque ese es mi métier, no voy a sustituir la música por nada, digamos, por nada, por ninguna otra actitud. Puedo decir algunas cosas en el escenario, puedo señalar algunas cosas actuales en las canciones que elijo y cómo las canto, pero lo que tiene que sostener ahí es un pensamiento muy serio y profundo sobre la música misma, que es lo más hermoso que hay.

Qué bonito lo que decís…

Es lo más hermoso que hay, digamos, y ustedes, los salteños, tienen ejemplos para tirar para arriba de lo que es hacer una buena música. Pensemos en el Cuchi (Leguizamón), por ejemplo, ¿no?, al que yo le dediqué con Juan Falú, un disco… Hicimos un disco histórico -que todavía se escucha- hace muchísimos años, que se llamó precisamente Leguizamón-Castilla. Esa dupla maravillosa que la consolidamos ahí, en un disco con Juan Falú, allá por el 2000, 2001, ya no me acuerdo la fecha, pero hace muchos años. Sin embargo, es un disco que se sigue escuchando. Porque cuando uno interviene una música, cuando uno canta una música ya hecha, que es mi caso, lo que está defendiendo esa intervención fundamentalmente es la canción que elegí. Y la obra que elegí, el autor que elegí. Eso para mí es muy importante. Como ha sido importante Spinetta, como es importante García, como es importante Carnota, Marrodán, Yupanqui, en fin, como son importantes esos autores. Siento en estos días confusos que la música ha perdido la seriedad que debería tener, eso sí me parece.

Cómo es eso…

Terminamos contando cuántos Vélez o cuántos River llenamos y eso a mí me parece que no alcanza para hablar de la música. Es escaso, es tacaño para hablar de la música eso.

Reducir todo a términos económicos, mercantiles, claro.

Bueno, hay una mercadología que es muy hegemónica, absolutamente hegemónica en estos tiempos, que deviene de la tecnología y de la globalización. Y hay también una jerarquía mediática que es difícil de romper. Yo no la quiero romper, para mí está bien en los lugares que canto, está bien mi relación con el público, sea en un lugar pequeño o en un lugar grande, pero no estoy atenta ni preocupada por lo que me ocurra a mí en términos de difusión, digamos. Yo no estoy preocupada por eso, hay otros músicos que sí, que tienen esa preocupación. Creo que si un disco con esos niveles de exigencia son a veces muy chatos, estoy en problemas; pero con la música estoy en problemas, con la música misma. Entonces yo me retiro de ahí, e incluso abandono las redes sociales que son frágiles en toda su verdad y en toda su mentira. Eso a mí me preocupa mucho, un mundo altamente tecnologizado como este, en donde vamos a olvidar cómo se escribía, olvidar el legado maravilloso que tenemos, que hay que interrogarlo siempre. Debo seguir este camino que nunca fue otro, tal vez en solitario o con otros que hacen lo mismo que yo, hay muchos, y recorrer el país, porque yo soy una mujer del interior, soy una mujer entrerriana, yo sé lo que es este mal llamado interior que a mí me importa mucho y yo sé que ahí, recorriendo el país, hay músicas y músicos que son extraordinarios, realizando composiciones por fuera de toda esta jerarquía… Maravillosas poesías, no solo el mundo musical sino el mundo poético.

Muy cierto… La última, la invitación para la gente que lea la entrevista o que escuche algo de esto.

Bueno, es una gira de cuatro conciertos. En San Salvador de Jujuy, el 21, y después vamos a Tilcara el 22, el 23 yo necesito descansar, a veces no me da el cuerpo para tanta cosa, y el 24 vamos a Humahuaca y el 25 estamos en Salta, en un lugar que me han dicho que es muy bonito, yo no he ido nunca ahí a La Usina, ahí estaremos cantando, les convido a que vayan, vamos con todos los chicos que tocaron. Voy a llevar discos porque conseguí romper la hegemonía de Spotify (risas), está en Spotify, pero conseguí a través del Instituto Nacional de la Música hacer unos pocos discos físicos, a los que yo no renuncio, incluso no renuncio al vinilo, tengo la bandeja y escucho vinilo. Estoy contenta, llevaré algunos discos para vender ahí, en los conciertos. Que se los vea, porque una cosa es cuando los tenés por lo menos, es muy sencillo lo que alcancé a hacer, porque económicamente con las letras y todo eso ya se encarecía de un modo notable… Entonces por lo menos tiene las fotos, tiene las fichas técnicas, quién grabó, quién mezcló, quién masterizó, quién tocó, qué instrumentos, los autores, esas son cosas que en Spotify no están. Spotify homogeiniza el sonido, la tecnología homogeiniza el sonido de un modo escandaloso. Eso es muy preocupante, y otra cosa es el disco, y otra cosa es el vinilo. Sigo escuchando vinilo, por lo menos tengo esa nostalgia por una audición en donde se escucha el aire, entre nota y nota, digamos. En cambio, la tecnología homogeiniza, quita el groove, quita agudos, quita graves y escuchás algo bastante plano. Eso no es la música, eso no es la música.

Qué buena definición de lo que está pasando con la industria musical…

Sí… (risas) Bueno, gracias querido, ¿está bien?

Sí, muchísimas gracias Liliana.

No, por favor, nos vemos entonces el domingo…

FICHA TÉCNICA
Liliana Herrero | Fuera de lugar (2025)

1.  SOMOS /  René Char (poema)/ El Sanjuanino

2.  CHIPI CHIPI /  Charly García

3.  AGUAFUERTE /  Teresa Parodi y Elvio Romero

4.  ASILO EN TU CORAZÓN  / Luis Alberto Spinetta 

5.  COMPOSTAJE /  Mocchi

6.  EL ALAZÁN /  Atahualpa Yupanqui

7.  POR SEGUIR /  Raúl Carnota y Carlos Marrodán

8.  EJERCICIO /  Mocchi

9.  MARTÍN / Edgardo Cardozo

10.  HORACIO

Músicos

Pedro Rossi, guitarra, Ariel Naón, contrabajo; Facundo Guevara, percusión, y Mariano Agustoni, piano.

Invitadas: Lidia Borda, voz en “Asilo en tu corazón”. Y Susy Shock, recitado en “Compostaje”.

Producción Artística: Liliana Herrero y Pedro Rossi

Arreglos: Pedro Rossi y Ariel Naón

Ingeniero de Sonido: Ariel Laviña

Estudio de Grabación: ION

Foto de Portada de disco: Nora Lezano

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