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sábado, junio 13, 2026

«El Naranjo», cuando el asombro de estar vivos se hace canto

Nicolás Cau ha editado un disco con Néstor Díaz. La experiencia de unir músicos y temas para oficiar un rito sagrado renueva la memoria que nos habita.

El Naranjo habita y nos habita de memorias, tiempos, vidas…

Son lo mismo, nos dirán, y es cierto, como es cierto que, si nos dejamos estar en el estar siendo y abrimos los sentidos, estamos en un lugar muy íntimo y muy nuestro, ese nuestro que habilitan las memorias compartidas.

“Zamba de Argamonte”, por ejemplo. ¿Cuántas veces hemos escuchado esos acordes del Cuchi Leguizamón y esa poesía de Manuel José Castilla? Y, sin embargo, nos sigue maravillando encontrarla cada tanto, nueva y deslumbrante. Es el caso, Nicolás Cau la ha grabado en El Naranjo, disco exquisito por eso tan sencillo que transmite un intérprete cuando es auténtico: belleza y memoria viva.

Los oficiantes

Ocurre, cada tanto ocurre, y entonces tratamos de dar cuenta de esas maravillas, queremos compartirlas. El Pajarito Sutti me ha acercado El Naranjo, el disco grabado y editado recientemente por Cielo Arriba y Huella Música, y el propio Nicolás Cau, quien, en voz, junto a Néstor Díaz, en guitarras, contrabajo, percusión, quena y coros, han hecho posible este asombro. La Montaña Estudio, en Madrid, ha sido la casa creativa donde se ha horneado este pan, que calentito se ofrece.

Han convocado a Ángel Paunov, en cello, para hacer “Canción del jangadero”. A José Luis Espejo y su clarinete, en “Zamba de Argamonte”; a Facundo Petruccelli, su bandoneón, en “Vuelvo al sur”; a Quique Condomí, violines, y a Fernando Diéguez, cello, para “Cinco siglos igual”; a Marcelo Sutti, diciendo los versos de “El Naranjo”.

Esos cinco mundos y “Recuerdos de mis valles”, “Zamba del arribeño”, “Chacarera de los vientos” y “La López Pereyra” componen la placa, que renace en cada arpegio, en cada verso de esa gran vidala que la alimenta.

Tierra en marcha

Diversa y una, con memorias y futuro, tierra en marcha, escuchar el disco entero es un viaje que nos devuelve a nuestros lugares desde lo sagrado de la emoción y la creación humana. Creación situada y con barro en los pies y en las manos.

Allí están los compositores y letristas, mezclándose en estos días, mediados por estos artistas/ oficiantes en este 2026.

Allí caminan Leguizamón y Castilla, Margarita y Quelo Palacios, Jaime Dávalos y Eduardo Falú, Néstor Soria y Juan Falú, Eduardo Mindeguía y Néstor Díaz, Artidorio Cresseri/ Andrés Chazarreta, Pino Solanas y Astor Piazzolla, León Gieco y Luis Gurevich, entreverados entre ellos y nosotros, dándonos voces y silencios tan necesarios para decirnos.

Arte y más

El arte que encierra el libro que trae el CD se despliega desde la tapa. Imágenes en blanco y negro, con toques de color, naranjas en el árbol, el azul barroso en las alas de una mariposa, ese arco íris… el monte y los valles y cerros. Incluso ese sur que nos contiene y al que se vuelve desde el exilio. Y esos siglos que nos han ido amasando, con sus violencias y verdes amaneceres. El mago es Argamonte.

Desde la presentación, la fotografía, el diseño; el disco es hermoso como objeto y cuando lo escuchás, transporta. La poesía y la belleza que hay en estos temas siguen diciendo y mucho, sobre todo cuando hay un trabajo tan sentido, tan honesto. Los arreglos y la instrumentación dan alas a la interpretación que hace Nicolás.

“Los pájaros ofrendan sus vidalas/ y beben del rocío constelaciones/ con sus gotas de sol/ en El Naranjo”, dice Marcelo Sutti, en “El Naranjo”, y así es.

Muchísimas gracias por El Naranjo, un gran poema/ vidala que crece en un disco que habla de estos, nuestros tiempos y lugares.


P/D, hay un documental con la experiencia: EL NARANJO – Nicolás Cau – Documental del Disco

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