
Comencé a escribir este artículo cuando José Serrudo -dibujante, amigo y compañero de trabajo- me envió una infografía para que la revisara. Se publicó en la edición del domingo 31 de mayo, en El Tribuno de Salta. Y quedó allí, en ese tiempo, el artículo.
Celebraba el cumpleaños de Leonardo Favio, nacido el 28 de mayo de 1938, en Las Catitas, Mendoza, como Fuad Jorge Jury Olivera.
Pasa que el 5 de junio murió Carlos “el Indio” Solari, y dejé el texto que sigue –El regreso de un cantor de pueblo– en suspenso, como un silencio ante el silencio de un pueblo, esos días…
Precisamente, las muestras del dolor popular de esos días me remitieron al 5 de noviembre del 2012, cuando muriera Favio. Entonces, hacíamos en Radio Nacional Salta “Historias del contraolvido”, continuidad de “Los oficios del contraolvido”, que estuvo algunos años en UNSa Fm, la radio de la Universidad Nacional de Salta, y también «África», en FM La Plaza.
En esos espacios lo recordamos entonces, ya que era frecuente su presencia como artista y militante.
Lo retomo ahora.
El regreso de un cantor de pueblo
Porque el arte puede decir y hacer, porque un artista hace y dice desde su amor a los suyos, su pueblo, madre, vecinos, amigos, barrio, familia… El ejercicio es simple y lo propongo ahora: escuchar el álbum que publica Leonardo Favio en 1983. Está en las plataformas de música y en YouTube.
“Soy un cantor de pueblo sin mucho vuelo”, dice en la primera canción. “Si mi guitarra canta como canta”, se llama.
Diez años habían pasado desde Ezeiza, y el regreso definitivo de Perón. Favio, el cantante peronista que había compuesto las más bellas baladas románticas desde los 60, con una estética aprendida en las calles y en el tránsito por lo sencillo, sigue siendo él. “Aquí esta” se llama el álbum y en la tapa del vinilo aparece “Leonardo Favio”, pegado al “Aquí está”. Su voz, su tiempo.
Nada más. Cada tema de ese álbum crece en emoción, en dolor. Un hombre ha regresado, a su pueblo, a su público, un cantor popular ha vuelto a cantar en su tierra.
“Me quiero cuando sueño que muero por la gente”, dice/ canta. “Qué más, qué más les podría contar…”, canta/ dice.
Exiliado desde el 76, dolido y transformado como tantos de su generación y de otras más acá en el tiempo, edita en el 83 ese álbum. Tenía ya 45 años.





Muchos chicos, chicas que no volverían lo amaban. Quizás se emocionaron con “El dependiente”, o con “Crónica de un niño solo”. O fueron algunos de los miles que en pareja, solos o con amigos hicieron cola en algún cine del centro o de barrio para ver «Juan Moreira» o “Nazareno Cruz y el lobo”.
“Madre de Mayo” es la pista 6, Rafael Amor, el compositor. “El colectivo ya se va…”. “Con ese cartel que dice dónde están mis hijos, dónde están”.

“Anotaciones para Carola” cierra el disco. En “Favio” (1973) está incluido este tema.
No son caminos paralelos los de la música o las películas que nos permitieron sentir y expresar y la vida que está allí, viva en la militancia.
Sentires
Muchas veces lo pensé y lo sentí, viendo las imágenes de “Adiós Sui Generis”, la película filmada en el 75. Allí chicas y chicos, tan jóvenes como Nito y Charly y más chicos aún, prestan su testimonio acerca de esa banda. Y sentipensé muchas veces que muchos de ellos no llegaron al 83. [1]
“Fuiste mía un verano”, algún tema de Leo Dan –“Más que un loco”, “Cómo poder saber si te amo”, por ejemplo- o la versión del tema de Spinetta “Para saber cómo es la soledad”, o bien la historia de la abuelita Zenaida abrigan a muchos que sabemos -porque lo sentimos- que Favio sigue cantando, amando, militando. Aún.
[1] Raymundo Gleyzer era uno de los cámaras en esa película dirigida por Bebe Kamin. Director de cine, documentalista y periodista, pilar fundamental del cine militante y político en América Latina, fue secuestrado y desaparecido en mayo del 76, durante la última dictadura en Argentina.
