por Aldo Parfeniuk
No recuerdo bien quien decía (creo que Juan Falú…) que bastaba con escuchar una buena zamba, al comenzar la mañana, para que el día a vivir resultara grato, llevadero, armónico…
Leyendo los sonetos de la tríada Insurrección de los Valles, de Marcelo “Pajarito” Sutti, publicado a fines del año pasado por Ediciones Bodegas San Pedro de Yacochuya, de Salta, me doy cuenta -a pura intuición- de que un buen soneto puede lograr el mismo efecto que la zamba de la anécdota.
Pareciera ser que de manera similar a nuestra insigne canción popular, la famosa y duradera criatura de catorce versos, transmite y motoriza el mismo mecanismo armónico, dador de vida, de energía, para operar activamente sobre el alma (es decir el corazón, la espiritualidad…) del lector/ oyente sensible y atento, que lo escucha con los ojos, lo lee con el oído y se le queda guardado en la memoria.
Así, de página en página, de entrega en entrega, entre otros tantos poemas de formas libres pero de igual espíritu, se van dando generosamente los sonetos de este libro, bajo la batuta del maestro Marcelo “Pajarito” Sutti: armonizando gente; transmitiendo alegría y ganas de vivir. Quizás como ilustrativas versiones del pharmakón que los antiguos griegos señalaban en melodías, palabras y pensamientos, y que -se me ocurre este ejemplo- en los “Sonetos medicinales” de Almafuerte estarían presentes “curando”, no solo a través de la “receta” de sus palabras, sino también mediante el aporte de su benefactora forma.
Por si fuera poco, el tríptico de libros de Sutti nos transporta a un territorio de indomeñada belleza que su poesía leyó como si fuese la palma de su propia mano: ese Valle Calchaquí que –según me lo explicó alguna vez- es muchos Valles.
Y esa, su lectura poética, se vuelca y territorializa en nuestra sensibilidad, para invitarnos a los desafíos de la aventura. Lugares, climas, espacios: geografías inertes o animadas vuelven a nacer en nosotros, lectores asombrados, cobrando nueva sustancia en palabras y versos destinados a perdurar; para que quizás uno, ya flechado por la naturaleza hecha palabra se repita y repita, para ya no olvidar:
Estar en la ciudad y ver los Valles
brillar en mí desde su lejanía,
como quien piensa desde Alemanía
la ciudad con sus ruidos y sus calles.
¿Quién no desea ser omnipresente
una vez por lo menos en la vida?
saber que todo en mí tiene cabida
y estoy aquí, aun estando ausente.
Hoy convergen en mí esos lugares
que añoro de la tierra y de los mares
y alejan por el tiempo la nostalgia…
Por eso ofrece mi árbol sus raíces,
para que nazcan frutos de países
y me devuelvan toda su fragancia.
(“Omnipresencia”, p.118)
Insurrección de los Valles –Tríada- de Marcelo Sutti, Ediciones Yacochuya, Salta, 2025


