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domingo, mayo 3, 2026

Todas las voces, todas 

El recital comentado "El golpe no calla las voces que luchan. 50 años de memoria" se concretó en el Auditórium de la Facultad de Ciencias Naturales (UNSa), el martes 28 de abril pasado. Escuchar para recordar/ Sentir las heridas abiertas/ Reunirnos para reinventar lo político fueron algunas de las consignas de esa jornada organizada por la Facultad de Humanidades.


Me acerco al campus de la UNSa respondiendo a una de las convocatorias que allí se concretaran para recordar comunalmente lo que nos aconteciera hace ya un medio siglo, deseosa de escuchar las voces que desde allí me llaman. Recorro algunas galerías buscando el lugar para el encuentro hasta que siento mi cuerpo sacudido por la presencia de rostros que me miran desde la quietud de unos papeles que interrumpen el camino, rostros en papeles custodiados por manos amorosas en re-existencia inesperada.[1] Se inicia de ese modo mi retorno a los años duros de la dictadura.

Es esta la primera emoción, a pura piel, aquí y ahora, cuando vivimos un tiempo en el que parecemos dormir en la anomia y el olvido. Sin embargo, basta sólo sentir la presencia de otros cuerpos que esperan expectantes lo que nos anuncian, para sentir que algo habrá de acontecer en la penumbra de esta sala, abierta a quienes quieran habitarla dentro del extendido campus de la UNSa, que fuera escenario de muchos dolores por aquellos días de hace medio siglo.

Voces que luchan

En la penumbra de esa sala, iluminado el escenario con un solo reflejo color cielo, se alumbra una pantalla en la que leo, repetido, el anuncio del folleto: El golpe no calla las voces que luchan. 50 años de memoria[2]. Se inicia así un Recital Comentado a pura música. Estamos acá para preguntarnos –alerta Irene López- cómo y de qué se nutren las memorias, dónde y cómo se construyen y perduran, en las voces, palabras e imágenes en las que se entramaron, de diversos modos, el horror, las censuras, la represión sobre los cuerpos, las ideas y los haceres comprometidos. 

Así, con voz armoniosa y sugerente,[3] se estremece el aire en el voceo de un poema que grita con voz de mujer. La voz se eleva llenando el aire con el grito, mientras ante los ojos se desplazan imágenes poniendo en vivo escenas que dan re-existencia a rostros desaparecidos.[4]

Con sonido musical que inunda el aire desde el fondo, Silvia Castillo relata en apretada síntesis, lo que los ojos ven en la pantalla, ahora llena de primeras planas de diarios ya amarillos que anuncian despaciosamente lo que acontece en el cada día de esos momentos negros que muchos de nosotrxs padecimos.

Mientras tanto, circulan las palabras inscriptas en cartas mensajeras de muertes de los propios y de los ajenos, formas de exterminio enseñadas por precisos instructivos marcando el paso a paso a seguir en la tortura,  puesto ante a los ojos expectantes en una ajustada representación escénica.[5] Es una herida –agrega Silvia- que continúa abierta en los 30.400 rostros que todavía faltan, en las voces de los nietos que aún no encontramos, en la llama de las Madres que nos enseñaron que el amor es más fuerte que el olvido. Por eso, al mismo tiempo, se escucha el canto afirmando que todos los dolores se atenúan al son fraternal de las guitarras.

Despertar entonces y mucho más ahora

Se canta porque se lucha incansablemente contra el veneno mortal de las serpientes, una y otra vez, en inacabable pesadilla, serpientes insaciables o temibles dinosaurios devorando el subsuelo de la patria, sacudiendo los cuerpos para despertar las mentes de la amnesia en la que nos encontramos sumergidos. Despertar entonces y mucho más ahora, seres acá dormidos en la anestesia hija del ruido y de las urgencias exigentes de este presente entregado a nuevo y desaforado extractivismo.

Fue la pesadilla de una realidad turbulenta, plagada por la desaparición de vidas que ya no cumplen la rutina de los días, recuerdo dicho en el canto y animado a nuestra vista con figuras dibujadas en el trazo fino de una artista.[6] Desapariciones y muertes perpetradas en las penumbras de la noche, memorias perpetuadas en el ritmo cadente de un poema, diciendo “Moriste muchas veces. No solo en Palomitas…” y en otro, avecindándonos a las madres de pañuelos blancos, muy cerca de esa a la que “le sacaron un hijo del regazo, de la casa, de muchas calles…”, versos que suenan en las voces de las comentaristas.[7]

Recuerdan, traman, sostienen

Y es el trueno sagrado de la Mercedes Sosa resonando a lo lejos, en la distancia del exilio, en la reiteración de lo que ya es un himno, “porque me duele si me quedo/ pero me muero si me voy”, porque “la distancia va conmigo/ como un largo andar”, mientras se suceden ante nuestros ojos, las resistentes imágenes nacidas de la mano de un Antonio Berni y en los murales del Colectivo Tinko, de Candela Fernández, de Yamila Trujillo.

El poema, la canción, el testimonio, el relato, recuerdan –nos dice también Leonardo Arce de Piero- y cuando recuerdan, traman, sostienen, luchan. Trabajos de la memoria que hacen cuerpo que vibra, aquí en nuestro presente. Hacemos memoria para ver cómo llegamos hasta acá, de dónde venimos, por dónde nos trajeron nuestros pasos.

Estos decires, estos cantares, estas imágenes nos impregnan y hermanan -hay aquí rostros de muchas generaciones-  habitando nuestras sensibilidades. Cantares, decires, imágenes que nos ponen a pensar este presente, después de cinco siglos, estos cinco siglos igual, buscando en común, con todos los hermanos de este suelo esa novia muy hermosa/que se llama Libertad. Porque el canto tiene sentido/ cuando palpita en las venas/ del que morirá cantando/ las verdades verdaderas.

Es así como se ha encendido aquí y ahora nuestra memoria, haciendo posible lo que señalara en el comienzo. Este palimpsesto de creatividades desplegado ante/ con nosotros nos sacudió para sacarnos de nuestra somnolencia, para repetir a toda voz el NUNCA MÁS aprendido en tanta pérdida, para acuciarnos a perseguir, insomnes, la utopía libertaria; para ser lo que queremos ser y no pudimos, todavía, haber sido.

Queda la esperanza, esa con la que nos despedimos, al caer el día, 

Cantando al Sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra


[1]  Exhibición de fotos a cargo de Familiares de Detenidos Desaparecidos e HIJOS en la Red por la defensa de los DDHH.

[2] Concreción de una apuesta nacida en el Proyecto de Investigación GELMUC (ICSOH/ CONICET – UNSA) vinculando el hacer investigativo en las áreas de los estudios sociales y de la cultura con el hacer mismo de lo político en el arte.

[3] De Sofía Pastrana, integrante del coro UCASAL. Poema de Susana Thénon.

[4] Imágenes documentales relevadas en el Archivo General de la Nación.

[5] Actuación a cargo de integrantes del Taller de Teatro Universitario del Centro Cultural Martínez Borelli (UNSa)

[6] En diseño de Loreto Góngora.

[7] Así también nos acompañan, como entonces, Teresa (Kuky) Leonardi y Ramón Jesús Vera, habitantes que fueron de estas aulas, compañeros.

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