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viernes, junio 5, 2026

Un prisma de contrastes en el Teatro Provincial

La Orquesta Sinfónica Ucasal, dirigida por el maestro Jorge Lhez, se presentó en el Teatro Provincial, en la apertura de la temporada 2026. Mateo Seghezzo fue solista de marimba en un estreno para Salta, "Prism Rhapsody", de Keiko Abe.


Hay programas que no buscan el aplauso fácil. El de apertura de temporada 2026 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Católica de Salta (UCaSal), el pasado domingo 10 de mayo en el Teatro Provincial, fue uno de ellos. Johannes Brahms (1833-1897) por partida doble. La Obertura para un Festival Académico Op. 80 y las Variaciones sobre un tema de Haydn Op. 56. A continuación la Prism Rhapsody de la compositora japonesa Keiko Abe (1937), con Mateo Seghezzo como solista de marimba. El maestro Jorge Lhez, director titular y fundador del conjunto, firmó la apuesta.

La Obertura abrió con esa mezcla peculiar de solemnidad y picardía que Brahms construyó como agradecimiento irónico a la Universidad de Breslau, usando canciones populares entre los estudiantes de la época tejidas con la maestría sinfónica propia del compositor, rematadas con el triunfo festivo del Gaudeamus igitur. El maestro Lhez captó el carácter de la pieza, su gesto lo indicaba, pero la orquesta tardó en encenderse. Las cuerdas acusaron algunas imprecisiones rítmicas que atenuaron la exuberancia que la coda reclamaba, y los metales no siempre encontraron el empaste necesario en los momentos de mayor densidad. La energía llegó cuando ya quedaba poco tiempo para sostenerla.

Las Variaciones plantearon un desafío mayor. Brahms construyó aquí la primera obra independiente de variaciones para orquesta en la historia, coronada por una passacaglia de arquitectura colosal. El maestro Lhez condujo con claridad estructural y perfiló bien los contrastes entre variaciones. La danza siciliana de una de las variaciones, el misterio etéreo de otra. El problema estuvo en la passacaglia: el tempo fue prudente cuando la música pedía acumulación de tensión. Las cuerdas tampoco alcanzaron en todo momento esa oscuridad aterciopelada que el Brahms sinfónico demanda. Dicho esto, una orquesta que lleva menos de dos años de vida y que ya se enfrenta con solvencia a este repertorio merece reconocimiento, no solo señalamientos de alguien cómodamente sentado en una butaca.

Seghezzo fue otra historia.

El joven marimbista, nacido en 2000, se instaló en el instrumento con la solvencia de alguien que conoce a fondo lo que tiene entre manos. La Prism Rhapsody de Keiko Abe, quien estableció la marimba de cinco octavas como estándar del instrumento de concierto, no disimula sus dificultades. Exige técnica de seis baquetas, independencia polifónica, una cadenza central que Abe deja abierta como prueba de madurez musical, y un finale en accelerando que no perdona la fatiga acumulada. Seghezzo sorteó todo eso con convicción. El control en los pasajes de sextillo, la coherencia de su improvisación con el material temático de la obra, la energía sostenida hasta el último compás. El público saltó de sus asientos cuando terminó, reacción infrecuente ante una obra de percusión contemporánea. El maestro Lhez resolvió además con inteligencia el problema central de la partitura, una orquestación densa que puede fácilmente sepultar a la marimba, manteniendo un equilibrio que permitió escuchar al solista con nitidez.

Seghezzo muestra condiciones poco comunes para el instrumento. Ofreció de bis una hermosa transcripción para solo de marimba de la Giga de la cuarta suite para cello BWV 1010 de Johann Sebastian Bach que nos dejó a todos boquiabiertos. La marimba es en sí misma un universo de posibilidades tímbricas que se descubren despacio, con repertorios diversos, con escucha acumulada, con los años. Lo que mostró el domingo pasado alcanza para que el público salteño siga con atención lo que haga después. Somos realmente muy afortunados que un músico de ese talento haya elegido Salta para instalarse. 

La UCaSal cumplirá dos años de vida orquestal el 20 de julio próximo. Una formación que a esa edad ya afronta el Brahms sinfónico y el repertorio contemporáneo de percusión tiene algo que decir. La energía expresiva que faltó en los Brahms no es un defecto de origen, es algo que se trabaja, concierto a concierto. El año pasado, sin ir más lejos, junto al extraordinario Coro UCaSal, firmaron un sobrecogedor Schicksalslied del mismo Brahms en un concierto memorable. Precisamente ese trabajo de consolidación es lo que esta orquesta tiene por delante. Le auguramos un futuro venturoso.


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